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Llovió mucho.

La vida se inundó de tiempo,

las horas se quemaron -lunas, derrotas, besos-

Nada grave
– si exceptuamos la constancia-

Bonitos versos para un comienzo.

Lástima que ya no estemos a tiempo
para lluvias, milagros, latidos o deseos.

Los días nos revuelven el estómago,
hay sangre y arena en los zapatos,
los versos no pueden quedarse
en un azul o una flor de pétalos rosados.

Las rimas tienen que arañar,
apuñalarnos las entrañas,
meter sus letras en cada una de nuestras llagas
y removernos a punta de pistola el alba.

Cada verso tendría que ser un disparo,
una bala certera que dejara a su paso un reguero de muertos.

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