Hay días poblados de tristezas y sueños rotos,
días espuma que se deshacen en las manos,
que se anuncian grises y se venden negros,
que rompen en mil pedazos contra las rocas,
días que quisieras hacer desaparecer
en el infinito de las horas muertas.

Cuando llegue el momento de las lágrimas,
cierra los ojos
y escucha en el silencio
el eco magnífico de la noche:
siempre amanece

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