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Todos sabemos que las noches son propicias.

Propicias para el llanto y la risa, para el beso y la caricia, para el recuerdo y el olvido…

Las noches son propicias para el deseo, para la nostalgia, para el insomnio, para la esperanza…

Son propicias para el descubrimiento de lo nuevo, y para enterrar mucho de lo viejo.

Propicias para la vida, para la tristeza, para los paseos solitarios y los encuentros, para esperar, y desesperar, para reconocer y desconocerse …

Las noches son propicias para mirar. Y mirarse dentro. Y mirando uno descubre. Y encuentra.

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