Nos prometimos el mar, eso dice la canción.

De aquella promesa a mí me queda la sal,

las cicatrices del afán,

noches que se pueblan de heridas…

De aquella promesa a mí me queda la sal,

me sirve, es suficiente para empezar.

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Nada es para siempre, eso también lo dice una canción.

Mis recuerdos son nudos atando las tristezas y decepciones de esas lunas infinitas que quisieron ser.

Nada es para siempre, y los días me confirman que así mucho mejor,

a veces las renuncias despejan el camino.

Hay nudos que salvan y nudos que ahogan.

Él ama los suyos. Y a mí me bastan los míos.

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