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Aunque lo escribí hace tiempo, hay palabras que no dejan de ser actuales para mí.

Nacen de la nostalgia

Nacen de la nostalgia. Son unas flores chiquitas, con aroma indefinible, que
se despliegan en mágicos colores imposibles.

Existen desde tiempos ancestrales pero dosifican su presencia para que el
paso de los años, los días, y sobre todo los instantes, no nos dañen el
frágil corazón. Preguntad a los que visten de magia el alma, ellos saben.
Saben porque caminaron arenas y ternuras de desconocidos continentes que
sólo nacen cuando atas lazos invisibles de puente a puente -que es como
decir de alma a ausencia, de recuerdo a estrella-.

Viajan sus semillas por caminos que no existen en los mapas, atraviesan
geografías de cumbres infinitas, de pozos negros, de dificultades añadidas,
de añoranzas con tacto de terciopelo. Trazan estelas en los cielos de
nuestras emociones y luego se posan, con ternura, en la tierra abonada por
nuestros deseos.

Allí crecen, en los acantilados del abismo, en los caminos pedregosos del
tiempo, en la espera, en los valles de nuestras ilusiones desnudas, en
nuestras mareas. Se aferran con sus diminutas pero sólidas raíces. Y
esperan. Saben que el instante adecuado para brotar sin miedo a morir de
sequía o tristeza está cercano.

Hemos llegado -dicen de pronto- y cuando miras con labios, ojos, manos…
encuentras la sorpresa: descubres la textura, el aroma, el tacto del
recuerdo. Es como un jardín poblado de corazones. Observas cómo crece la
vida entre los párpados, a través de la sal y las heridas, la ves
alimentarse de todo lo que creías haber perdido: la fe, el amor, acaso la
inocencia. Sólo dormían, nunca te abandonaron a tu suerte, a pesar de que en
tu renuncia alejaste sin querer – o acaso por miedo a ilusionarte- todas las
promesas, lo posible y la esperanza.

Sientes que durante siglos – acaso fueron no más que fugaces momentos-has
estado viajando como holandés errante, sabes que te extraviaste. Tuviste
miedo de girar el timón hacia el norte y dejaste que la marea te arrastrase
a océanos negros de tristeza y cansancios. Hoy vuelves, atraído por esas
flores que nacen de la nostalgia. Te han llamado con voces invisibles que
atravesaron tiempo y espacio -tozudas, enérgicas, incansables- hasta dar
contigo allá donde quiera que hubieses huido a refugiarte del mundo, o lo
que es más probable, de ti mismo.

Vuelven anunciando el reencuentro. Tienes miedo a creer de nuevo pero es
imprescindible bucear lo imposible, el deseo empieza a dar forma a tus
sueños, y te lanza a un reto: sabes que tomarás los tallos con mimo entre
los dedos y te convertirás en un improvisado jardinero del cielo.

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