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DEJADME SOLA

Vosotros sabéis que no soy de las que huye apresuradamente de los problemas, ni de las que, discretamente, como en una manifestación, se dispersa. Que me quedo, especialmente, cuando corren malos tiempos para todos y cada uno.

Permanece intacto y eterno aquel “hagamos un trato”. Pero quiero pediros algo: dejadme sola. Permitidme un breve descanso. Tan solo unas cuantas vueltas a mi reloj de arena.

Dejad que me derrumbe un instante. Que me hunda sin conciencia ni culpas en la espiral-laberinto de mi alma. Cededme un espacio, pequeñito, donde dejar de forcejear con la vida, donde dejar de fingir porque necesitáis mi fortaleza y no os vale mi caída.

Dejad que en mis maltrechas esperanzas repose la cabeza, y que sean ellas, que yo sé tan vivas, quienes me retornen a la vida.

(yo no hubiese elegido este, envié otros que me gustan más. No suelo presentarme a concursos literarios, me da mucha pereza, y nunca he escrito para reconocimientos externos, sin embargo, a veces me doy cuenta de que todos necesitamos en algún momento una palmadita en la espalda)

Ese texto es un extracto de otro más largo, escrito hace ya varios años. Este.

DEJADME SOLA (Carta que, quizá, escribiré algún día)

Queridos amigos,

vosotros sabéis que no soy de las que huye apresuradamente de los problemas,
ni de las que, discretamente, como en una manifestación, se dispersa.
Sabéis que siempre comparto con vosotros el fuego de nuestra hoguera,
aun en los días en que no hay más que fríos tizones que recuerdan mejores fogatas.
Que me quedo, especialmente, cuando corren malos tiempos para todos y cada uno.
Incluso cuando está la noche oscura y la luna no se ha dignado a colgarse en ella.

Permanece intacto y eterno aquel “hagamos un trato”.
Pero quiero proponeros algo.Dejadme sola.

Permitidme un breve descanso.
Tan solo unas cuantas vueltas a mi reloj de arena.
Prometo cercana la vuelta.

Pero, hoy, dejadme sola para que pueda tender al sol mi desencanto.
Dejad que extienda a salvo de miradas ajenas mi desaliento y mi cansancio.
Quiero mojarme de lagrimas dulces y saladas

y soltar el lastre de mi tristeza ahogada.

Por favor, dejadme sola. Dejad que me derrumbe un instante.
Que me hunda sin conciencia ni culpas en la espiral-laberinto de mi alma.
Cededme un breve instante donde dejar de forzar sonrisas,
donde dejar de cuajar esperanzas ¡cuesta tanto sólo nombrarlas!

Cededme un espacio, pequeñito, donde dejar de forcejear con la vida.
Donde dejar de fingir porque necesitáis mi fortaleza, y no os vale mi caída.
No pido más que un instante en el que descansar mis gastadas fuerzas
y ser tan solo yo, mía. Sin más dueña que mi instantánea locura.

Dejadme sola. Dejad que me tire al barro y patalee un rato.
Dejad que en mis maltrechas esperanzas repose la cabeza,
y que sean ellas, que yo sé tan vivas, quienes me retornen a la vida.
Ya os digo, no es grave. Solo necesito un instante.

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