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Hablaba hace un par de semanas (¿ya ha pasado tanto tiempo?) de espinas y rayos de sol.

Dejé en el aire un “continuará¿?” y aquí está la continuación,

escribo solamente para constatar que “todo puede ir peor”.

Dos de mis personas más queridas aún están a la espera de que todo ¿empeore?,

una pendiente de su máquina de oxígeno,

la otra de la pérdida de un bebé que no conseguirá llegar.

Hay un dicho que dice “que Dios no te dé todo lo que puedas soportar”.

Espero que no llegue a darnos tanto, y que enero deje de robarnos salud, esperanza e ilusiones.

Hablo de espinas, apenas hay atisbo de rayos de sol.

Sin embargo, cada cruz tiene su cara, y es maravillosa y entrañable

la manera en la que las personas comparten y se entregan cuando llegan las adversidades.

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