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Escribí esto hace ya mucho tiempo.

Podría suscribir cada letra muchos de mis días.

Hoy, por ejemplo.

Sin coartada, sin excusas, simplemente plena de cansancios…

Hoy podría ser uno de esos días en los que escribir cansancio no costaría nada.

Cansancio

Cansancio.

Cansancio.

Cansancio

¿Veis? Es sencillo.

Y puede que de tanto escribirlo se convirtiese en un grito de rabia, o en un relajante baño de espuma, o en una coraza, o en una caracola desconchada…

Hoy podría escribir cansancio a cada paso.

Podría sobreescribirlo mientras se acomoda la primavera por los recodos

o mientras inicio mi particular travesía interna

Podría escribir cansancio mientras cada minuto y cada gesto

se me antojan un insulto a la tristeza.

Hoy podría ser uno de esos días en los que escribir cansancio sería como retornar los cuadernos escolares y las torpes letras de caligrafías desafinadas de la infancia. Sería como volver a ser niña y, sentada en un pupitre con olor a viejo, escribir cansancio cien veces, mil, a doble página, una sílaba debajo de otra, alienadas en un pulcro desorden de paralelas.

Pero ya no es tiempo. Y, hoy, escribir cansancio sería como desarropar la luna, poner en venta mis potros desbocados, lamentarme por los asados quemándose en el horno y taparme los oidos para no oir las voces rebeldes del costurero enredando hilos.

Sería como admitir que las muelas duelen hoy, de repente, y los geranios se han  secado porque no tuve  brindis con que mojarlos.

Hoy escribir cansancio sería como admitir que las mariposas moradas de la almohada se han colgado de una tela de araña, y que la mujer de guadaña sonríe con burla debajo de las sábanas mientras se come mis lágrimas, las que no he podido esconder tras las faldas protectoras de mi infancia.

Hoy me siento tan antigua, tan caduca, que podría escribir cansancio, aridez o escarcha sabiendo que no es más que un juego en el que despistar el hastío, mientras admito que soy huérfana de palabras y me muerdo los labios para desgranar a solas  la desgana.

Hoy es uno de esos días en los que podría escribir cansancio sabiendo que mi lamento no es más que la ausencia de caramelos de limón en el bolsillo con los que poder desabrochar, como cuando era niña, tantas cosas que no entiendo.

Hoy podría escribir cansancio y no me costaría nada.

Pero no lo haré, porque sencillamente…no tengo coartada.

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