Acuso al olvido de llevarse consigo ciertos recuerdos que hoy necesito,

le culpo de robarme días que viví y ya no son míos.

Acuso a la memoria de burlarse,

la culpo de volverse inoportuna, de no saber guardar las formas,

de presentarse sin invitación para recordarme que perdí mis otras vidas.

Acuso al recuerdo de volverse selectivo con el tiempo,

– a su manera y sin permiso –

le culpo de bajar la guardia cuando necesito su defensa.

Acuso a la memoria de dar la voz de alerta,

de ponerme en guardia contra mí misma,

de levantar dedos acusadores cuando debe guardar silencio,

de presentar batalla cuando todo está perdido.

Acuso al olvido de sinceridad,

le culpo de protegerme en mis desalientos,

le acuso y agradezco que haga lo que yo no sé hacer:

poner las cosas en su sitio.

Me acuso.

Soy culpable por dejar que olvido y memoria me dañen

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