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Era “el profe”, “geyperman”, así le conocimos sus alumnos y alumnas hace ya bastantes años. Empezó a trabajar en “mi cole” muy joven, tanto que, un año después tuvo que hacer un paréntesis para ir a la “mili”. Volvió al año siguiente. Siguió dando clases hasta que, años después, se convirtió en el director del colegio. Por aquel entonces yo ya hacía años que había dejado de estudiar allí.

Fue hace seis cuando volví, tras una llamada de una amiga y antigua profesora mía, con la aprobación del “profe” ya convertido en el director del centro. Volví como “profe” al cole en el que había “crecido” – no diré estudiado porque casi sería un insulto a aquellos años en los que me enseñaron tantas cosas que no están en los libros –

No podrá cumplir 55, hoy se ha marchado para siempre tras luchar durante tres años contra la enfermedad que, finalmente, pudo con él.

Estoy segura de que deja, en el corazón de su familia, amigos, y también en el de muchos alumnos y profesores un gran vacío, que es como decir una gran tristeza. No obstante, en lo profundo del corazón y en la memoria, deja, para algunos, como yo, (y, me consta, también para algunos lectores de este blog, que le conocieron y le apreciaron) una preciosa huella, la de luchar y trabajar infinitamente por algo en lo que creyó, y eso nos queda, lo que fue y lo que hizo en el cole, “mi cole”.

Hasta siempre, profe

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