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Leía hoy a Javier, en Moscas en la sopa

y ese post, y esa canción, me trajeron a la memoria algo que escribí hace años, y que hoy os dejo por aquí.

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Gracias a Daniel Molini, porque su “Amnesia” provocó mi “Antídoto”

ANTÍDOTO PARA LA AMNESIA DEL GENERAL PINOCHET

Mi nombre no importa; durante muchos años fui madre en un país ancho, hilvanado por la costura al suyo, general. Ahora soy madre de madres, madre del mundo, madre de mayo. A diferencia del suyo, en mi pecho no hay más medalla que la del tenaz recuerdo, y no cuelga, late dentro..

Fui madre pariendo con dolor y amamantando con amor a los hijos que, más tarde, verdugos macabros como usted nos arrebataron. Primero fueron ecos nocturnos de botas en el suelo, portazos y gritos en las calles. El no volvió a casa, a ella se la llevaron. Secuestro, tortura… Desaparición le dicen a la muerte argentina.

A las largas colas para averiguar destino, a nuestro reclamo en los cuarteles, les respondió la humillación y la burla. Después vinieron los milicos a convencernos con pasaportes falsos. Cansadas de desplantes y con la llorada ausencia de los hijos a cuestas, marchamos a la plaza para que nos mirasen a la cara.

“Unas pocas viejas locas”, alguien contó que dijeron. Unas pocas viejas locas aguijoneando desde entonces la amnesia de los verdugos. A ellas se sumaron otras, a todas se fueron sumando las que se sacudieron de encima el miedo y plantaron cara a los milicos en la plaza. Hasta que un día ésta ya no fue de mayo, sino de las madres de pañuelos blancos.

Se quiso imponer el olvido, se intentó amedrentar con nuevas desapariciones a las demandantes de justicia. Lo que quiso ser enterrado renació multiplicado. Nuestros hijos están vivos porque nosotras “los amamos, los soñamos y los reivindicamos” en esta lucha contra el olvido.

Hay 30.000 hijos desaparecidos, y 25 años (*) de jueves en la plaza como antídoto a lo que hoy usted llama amnesia, general. No hay Obediencia debida ni hay Punto Final. No hay reparación económica que nos haga callar, ni más homenaje o monumento que el compromiso con los ideales de nuestros hijos. Ellos están vivos. Nuestro reclamo de justicia se ha extendido y ha cruzado el mar en el quisieron enterrar la libertad.

Sus torturados, sus desaparecidos, son hijos del mundo. Son, sépalo general, también nuestros hijos . “Ni Olvido ni Perdón”. Sea nuestro recuerdo el antídoto a su amnesia

(*) desde abril 1977, ya son 32 años

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