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no es un texto nuevo, lo escribí hace tiempo ya,

y no, no es autobiográfico,

aunque algunos días podría firmarlo 😉

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LOS DIAS ERAN FRAGILES, PEQUEÑOS

Los días eran frágiles, pequeños

-se cansaban como niños-

sufrían de desidia, desgana,

acaso de nostalgias, de apatía,

violenta enfermedad de nuestro tiempo

-discúlpenme los términos-

sufrían por los cuatro costados,

de este a oeste, norte a sur,

quiero decir

con dolores de parto

-caducos pero siempre primerizos-

sangrantes las esquinas de los mapas

que – todos sabemos – no tienen más mérito

que marcar el lugar del extravío

heridos los cuatro puntos cardinales

-eran cinco antes de naufragar el epicentro-

nada quedaba sino descender,

– de a poco y sin remedio – a los infiernos,

ardua tarea si uno quiere hacerlo

desde dentro, sin alardes,

ahora que parece estar de moda

abanderar cada victoria como propia

nadie tiene balneario interno propio,

ya saben, sauna, barros, aguas cristalinas

-con plaza libre-

para dar reposo a desalientos ajenos

ni siquiera la ciudad, menos aún sus calles solitarias,

los bares cierran de madrugada

cuando estás a punto de tragarte esa locura

con un poco de alcohol, hielo y amnesias

-que siempre es mejor que nada-

ustedes saben, los sueños de contrabando

siempre caminan la noche de puntillas,

tenemos atravesado el porvenir

como una espina, como una piedra en el zapato

-los besos no dan abasto con tanta pena-

violenta apatía les decía al principio

¿recuerdan?

quizá debí llamarlo fracaso

o pequeño homenaje al desaliento

pero me temo sonaría exagerado

-aunque sea cierto-

es por ello que retorno a lo oscuro,

a estas cuatro paredes, que al menos son seguras,

– ¿seguras para quién?-

y tomo papel blanco y escribo

-en pasado, para que no parezca urgente

y menos aún irremediable-

eso de… “los días eran frágiles, pequeños…”

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