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Faro de Pechiguera – Lanzarote

En estos días en que ando dándole vueltas a la tan traída y llevada huelga, al sí y al no, deshojando margaritas, me ha venido a la mente la imagen del faro de Pechiguera, en Lanzarote, donde conviven pacíficamente pasado y presente. Me preguntaba cómo hacer que esa convivencia pacífica se traslade al interior de mi cabeza, de mi corazón, de ese yo que se debate en un intento de tomar partido, de ser coherente en medio de mi desinformación, de mi particular isla, de mi soledad laboral, de mís días, en definitiva. No encuentro manera de hacer convivir en mi interior unas ideas y otras, unos sentimientos y otros, unos impulsos y otros, un yo muy propio y ese otro yo que también lo es y va comiéndome el terreno, esas tierras que tenía abonadas y preparadas para una buena siembra que nunca llegó. Pero bueno, eso es otra historia. La de hoy se llama huelga. Y no estoy conforme con ninguna de mis decisiones. Ni si, ni no, ni todo lo contrario.

(no, no pretendo que me entendáis, ¡si no me encuentro ni yo!)

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