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Viendo hoy las imágenes de la entrega de los premios Príncipe de Asturias, me venía a la mente algo sobre lo que hace tiempo quise escribir, y no llegué a hacer.

Ese ¡¡me lo pido!! viene a cuento, cómo no, de ese infantil previo a los reyes magos que ilumina los ojos de los niños pensando en lo que pedirán en su mágica carta de enero.

Mi ¡¡me lo pido!! venía a cuento de otra cosa, mejor dicho, de otras personas. Vayamos por partes.

Por un lado, el gesto que ha tenido Vicente Del Bosque hacia Luis Aragonés en la entrega del premio Principe de Asturias concedido este año a la selección española de fútbol. Un gesto que no es ni más que un reflejo de su propia persona, de su humildad y su honestidad, algo que me parece cada vez más difícil encontrar conjugado en la misma persona, sobre todo cuando está bajo los focos o frente a la opinión pública. Creo que no sólo su trabajo al frente de la selección sino también su persona se han ganado el respeto y el cariño de mucha gente, entre ellos, el mío, y especialmente por lo que ha trasmitido como persona.

Asi que… si necesito un entrenador, un compañero de trabajo, un amigo… ¡¡me lo pido!!

PD- sí, hay más,como la autenticidad Pepe Reina y Nadal, pero eso es otra historia, que creo dejaremos para otro día.

imagen de la pagina web de la Fundación Principe de Asturias en la entrega de premios 2010

Por otro lado, hay una persona, hasta hace un par de años desconocida para mí (que no estoy muy al tanto de la alta montaña, salvo cuando hay una gran proeza, o una desgraciada muerte y los medios de comunicación se vuelven locos con imágenes que el resto del año ignoran). Su nombre es Horia Colibasanu. Horia  fue nominado al premio Principe de Asturias de los deportes en el 2008, junto a los compañeros que participaron en el grupo de rescate (fallido) de Iñaki Ochoa de Olza (aquí información de la Fundación SOS Himalaya) . Ese año el premio – a mi parecer también merecidísimo- fue para Nadal (pero ya he dicho en la postdata que es tema para otro post)

Horia, que estuvo en el Annapurna en mayo del 2008 a 7.400 metros de altitud, tres días, con sus noches, junto a un agonizante Iñaki, y que se negó a bajar y dejar allí a su amigo, a pesar de que corría peligro su vida, y cuando digo corría peligro digo que el Annapurna estaba hambriento de muerte. Este dentista rumano, un año después se atreve de nuevo con el Annapurna, y coloca una bandera navarra en la cima en honor a su amigo- él quería llegar a la cumbre a la que no llegó Iñaki, y quería hacerlo con él-  y en la bajada la tragedia vuelve a morderle el alma: esta vez es Tolo Calafat, que quedaría para siempre en las laderas del Annapurna también. Horia permaneció en el campo base a 7.100 metros ( no hace falta ser alpinista para conocer minimamente los riesgos de permanecer mucho tiempo a esa altura) y planteándose subir a buscar a Tolo, otra vez arriesgando su vida.

Creo que hablando de su historia podéis entender mi admiración, mi respeto, mi cariño hacia esa persona absolutamente desconocida para mí, capaz de darse, así, por entero. Y sí, “me lo pido”, porque creo que es la persona que cualquiera de nosotros podríamos desear tener cerca.

Si quereis conocer más… os recomiendo estos videos de “Informe Robinson”.

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