¿Cuándo?

¿En qué preciso momento uno dice “basta”?

¿Cuándo decidimos tirar la toalla o lanzarnos contra los muros?

¿Qué delgada línea separa nuestra lucha de nuestro abandono?

¿Cuándo, qué, quién es el causante de que la balanza se incline hacia un lado o hacia otro, de que decidamos luchar o desistir, arrancar o soportar, gritar o silenciarnos?

¿En qué momento uno se plantea que “ya”: que ya es suficiente, que ya ha tenido bastante, que ya no puede más, que “ya” …?

¿Qué nos empuja al abismo? ¿Y al abandono? ¿qué nos empuja a la resistencia? ¿y al acatamiento?

 

– tengo demasiadas preguntas, pocas respuestas y ninguna certeza-

lo único positivo es que siempre amanece, que es como decir que siempre puedes volver a comenzar, da igual lo gastado que estés, lo sólo que te sientas, lo inútil que parezcan los esfuerzos. Tenemos ese privilegio, el de permitirnos pensar que siempre amanece, no sé mañana, pero el hoy es al fin y al cabo lo poco o mucho que tenemos.

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