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Soy una acumuladora de papeles: recortes de prensa, poemas, viejas cartas, mails, documentos de trabajo, cuadernos, diarios…

¡Me encanta el papel!  Miles de páginas se dan cita en mi estudio y el garaje.

Hoy me ha dado por revisar algunos puñados de folios en un intento de despejar las carpetas, archivos, cajones… o al menos comenzar a hacerlo, porque la cruda realidad es que no veo final para este comienzo.Me da una pereza tremenda revisar papeles, pereza que quizá es una manera de esconder otras sensaciones, como la nostalgia, el recuerdo amigo y enemigo, las emociones…

Abrir esos viejos cajones, y recuperar papeles es reencontrarme con alguien que fui, hace ya tiempo, y con las personas que vivieron conmigo mis días, y que hoy no están, porque fueron quedándose en el camino. El tiempo hace su labor implacable:  borra huellas, desanda caminos, abre heridas, cicatriza dolor… esas y tantas otras cosas en las que no quiero pensar, porque puede ocurrir que el dolor se haga insoportable.

Mirar atrás duele. A mí me duele. Miro atrás y veo a esa otra que fui, con su vida y sus gentes, sus días y sus vivencias, las intensidades de otros tiempos.Y duele, duele porque hoy por hoy la tibieza de los días presentes es una constante.

Hoy he recuperado muchas historias, y el tiempo me dice que muchas de ellas, si no la mayoría, son historias con final sin beso. Historias donde se dan cita olvidos, relaciones rotas, sueños vencidos… Historias de momentos…

Me estoy haciendo mayor y me estoy volviendo cuerda, y lo más duro es que sé que todo puede ir a peor.

 

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