os dejo algo que escribí hace ya unos años y que en ocasiones me ha acompañado… ayer fue un día turbio, hoy intento salvarme de los restos de esas turbiedades

los sin nombre I

Me desarma el hormigueo de los sin nombre. Los que sobreviven arena ardiente
de desierto. Los que resisten embates de aguas turbulentas. Esos que para
 algunos no son más que un número, incluso un desatino.

Me desarma el hormigueo de los sin nombre. Los anónimos. Los imprescindibles deBrecht. Esos que aun en vida son olvido. Los que le arañan nuevos mapas al destino.
Los que no se dejan ser azar y por ello están vivos.

Me desarma el hormigueo de los sin nombre. Los que no se rinden. Los que
 miran abiertamente . David frente a Goliath. Los que siendo casi nada son 
mucho, más que bastante, y mucho más que suficiente…

Me desarma el hormigueo de los sin nombre. La otra cara de la moneda. La
 cruda, la descarada, la acusadora, la rebelde, la insultante y descarnada
 vuelta de hoja. La esperanzada, la que alienta cuando el rendirse llama a la puerta

Me desarma el hormigueo de los sin nombre. Y me alienta.
Humanidad doliente de la que feliz y amargamente formo parte.
Sal y pimienta. Querella. Aguas bravas. Pirata. Cuerda vibrante.
Y siempre…contracorriente.

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Desarmada I (dedicada en su momento a mis “amigos del patio”)

Me desarmáis cuando descoséis sin pudor retales del corazón. Cuando adoptáis
huérfanas tristezas. Cuando ponéis la mesa y alimentáis de océanos. Cuando salvaguardáis con mimo las desnudeces de otros.

Me desarmáis cuando sacáis de paseo los pedazos de fe ciega e ingenua de la
infancia. Cuando le alzáis la voz a la costumbre de vivir. Cuando os aupáis de la tierra sacudiéndoos rodillas polvorientas.

Me desarmáis cuando, a pecho descubierto, batalláis la desgana. Cuando
alentáis fracasos. Cuando soltáis amarras y encabritáis la vida. Cuando os alzáis, vulnerables, sobre el temor de que os vean tal cual sois.

Me desarmáis cuando, indomables, desobedecéis. Cuando sois políticamente no
correctos y escupís sobre éticas innombrables y falsas morales. Cuando atracáis el alma, a punta de palabras.

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Desarmada II  (Me desarman, no podría negarlo, otras cosas también)

Me desarma la envidia y la mentira, la soberbia, el tirano y el sumiso.

Me desarma la victoria contra todo pronóstico y el rastro de jirones que pueblan el camino

Me desarma la desmemoria cobarde y el recuerdo inoportuno e insistente.
Me desarma el reclutamiento de ganado y el poder, a veces soberano, de lo falso.

Me desarmo yo misma, a veces tan cobarde.
Y casi es un acto de fe admitir que me desarma la existencia, toda ella.

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